Vivir tres semanas en otra cultura no cambia solo el idioma. Cambia la manera de ver el propio país, la propia familia y uno mismo.
El primer día en una familia anfitriona extranjera es uno de los momentos más formativos que puede vivir un adolescente. No por lo que aprende del otro país, sino por lo que aprende de sí mismo cuando se queda sin los apoyos habituales.
Los intercambios estudiantiles aceleran el desarrollo de competencias que los educadores denominamos «transversales»: resiliencia, adaptabilidad, comunicación intercultural, autoconocimiento. Son las mismas competencias que las empresas más innovadoras del mundo declaran como prioritarias en sus procesos de selección.
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